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La Economía Circular llegó para quedarse

Autor: Daniel Gómez Gutiérrez, ingeniero de Vigilancia Tecnológica

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Para entender qué es la Economía Circular y lo que busca, hay que empezar por entender a su opositora, la economía lineal, en la que los recursos se transforman, se usan y luego se desechan, incluso se diseñan para desecharse cada vez más rápido (como es el caso de la obsolescencia programada). Por su parte, la Economía Circular busca que los recursos se puedan utilizar de forma casi perpetua y que eliminemos los residuos de nuestras vidas. Y lo hace imitando a la naturaleza.

La naturaleza de la Economía Circular

William McDonough y Michael Braungart, en su libro “Cradle to Cradle: Remaking the way we do things” (De la cuna a la cuna: rehaciendo la forma como hacemos las cosas), aseguran que los árboles son el mejor ejemplo que tiene la naturaleza en cuanto a gestión de los recursos. Las hojas del árbol son un recurso importante, porque allí ocurre la fotosíntesis, que genera alimento y produce oxígeno. Las hojas también producen sombra para proteger al árbol y se convierten en un reductor de energía para esos momentos de vientos agitados. Por último, cuando la hoja cae al suelo, tiene la posibilidad de convertirse en nutriente para la tierra y volver a formar parte del mismo árbol.

Si quieres ver el documental que resume el contenido del libro, lo puedes acceder en

Los ciclos naturales tienen la capacidad de eliminar lo que nosotros llamamos “residuos” o “desechos” (cabe anotar que en idiomas como el mandarín no existe un término para los residuos e incluso, en la cultura china, lo consideran un recurso mal ubicado). Los microorganismos son parte fundamental de la reintegración de los materiales al ciclo productivo, se convierten en pequeñas fábricas de materia orgánica, nutrientes y enzimas que logran digerir y degradar algunos contaminantes ambientales sintéticos. Así que todo lo que hace parte de los ciclos naturales sigue circulando y se mantiene en línea con la Ley de la Conservación de la Materia, que responde también a la primera Ley de la Termodinámica.

Ahora, todos los materiales que hemos obtenido de los minerales y que hacen parte del ciclo técnico (así denominado por McDonough y Baungart, y adoptado como término en el ciclo de la mariposa de la Economía Circular) también se pueden comportar igual que los recursos del ciclo biológico, es decir, tienen la posibilidad de recircular de forma permanente y tener múltiples usos. Hay que considerar que para transformar los minerales en materiales y los materiales en productos, requerimos energía y como fuente de energía, hemos utilizado tradicionalmente combustibles no renovables.

 

Ciclo Biológico y Ciclo Técnico, Fuente:

Nuestro consumo tiene límite

Cada vez cobra más sentido hablar de la economía circular como una solución a los problemas ocasionados por el desarrollo económico, sin dejar de aclarar que, a pesar de los problemas, se han generado grandes avances en áreas como la ingeniería y la medicina que han permitido que la gente ya no muera de una diarrea y que los indicadores muestren un aumento en la expectativa de vida y una disminución en el índice de muertes infantiles.

Los problemas que tenemos que abordar se pueden concentrar en lo que se han denominado los Objetivos de Desarrollo Sostenible, donde se reflejan los retos que como humanidad enfrentamos y vemos que algunos tienen una relación directa con los residuos, la productividad, el consumo incontrolado y la contaminación causada por las anteriores.

 

Objetivos de Desarrollo Sostenible Fuente:

Una visión adicional a la problemática tiene que ver con el componente social, con nosotros, los seres humanos y comportamientos. Podríamos decir que algunos de los problemas mencionados anteriormente fueron ocasionados de manera no intencionada. Pero, indudablemente hay otros que sí tienen raíz en una ausencia de actos conscientes, de establecer las consecuencias de nuestros actos, o de no poder dimensionar que el impacto de una persona se podría ver multiplicado por más de siete mil millones de individuos más. Adicional, nuestros comportamientos egoístas que nos aíslan de la realidad del otro, o de las comunidades en las que vivimos.

Asimismo, a nivel social, ha habido un cambio en los valores y la forma cómo relativizamos muchas cosas. Hacemos una lucha por los derechos de nuestro ser individual, pero en ello, perdemos el horizonte de lo que esto conlleva cuando finalmente cada quien hace lo que quiere y no nos une o nos motiva un bien común. Por otra parte, hemos transformado el concepto de lo desechable y lo hemos incorporado a nuestra cultura, desechando todo aquello que simplemente no queremos tener más a nuestro lado o lo que consideramos que ya ha perdido valor para nosotros. Por supuesto, dentro de lo desechable, hemos incluido muchos residuos. Esta visión y cultura debe evolucionar hacia la circularidad y el consumo responsable.

Un caso para considerar tiene que ver con los recursos que el planeta produce anualmente. Todos los años, hacia el mes de agosto (este año se adelantó al 29 de julio), se celebra el día del Sobregiro de la Tierra. Como su nombre lo indica, es el día en el que a partir de nuestra forma de consumir y satisfacer nuestras necesidades, ponemos en sobregiro a la Tierra con sus recursos.

Nuevamente, pensemos en un ejemplo. Supongamos que recibimos ingresos suficientes para vivir bien 7 de los 12 meses del año. Del mes octavo en adelante nos toca pedir prestado o activar el sobregiro en el banco. Cuando arranca el siguiente año, ya tenemos una deuda de cinco meses, pero lo mejor es que no tenemos cobrador, así que seguimos endeudándonos. La deuda, la vemos finalmente representada en el cambio climático, la escasez de recursos naturales y todos los demás problemas antes enunciados y, además, nos damos cuenta de que es una deuda heredada; en mi caso, mis hijos nacieron con una deuda de la que ellos no sabían eran parte y que tendrán que poner de su parte para poderla pagar.

Economía Circular, solución sostenible

Afortunadamente, está el modelo de la Economía Circular, que busca generar una recomposición y darle valor a muchos de esos desechos que hemos generado y a buscar ser más eficientes, a preservar el valor en el tiempo (a no desechar o considerar desechables) y por supuesto, a descarbonizar la energía que utilizamos para hacer una lucha de frente contra el cambio climático.

La economía circular llega para ayudarnos a generar negocios entre lo que hoy consideramos residuos, recomponiendo valor a las cosas y a las personas. Hoy recobran sentido los oficios como el de la costura para cambiar los puños y cuellos de una camisa, el del zapatero para cambiar unas suelas o el del carpintero para restaurar unos muebles.

Esto implica también que la camisa debe diseñarse para durar y poder darle sentido a realizar el cambio de puños y cuello, así como el mueble debe ser durable para que cobre sentido el restaurarlo y dejar que alguien más lo pueda utilizar. En Europa, y no podemos dejar de un lado a América Latina, han desaparecido algunos de estos oficios artesanales que se han visto reemplazados por la industrialización y la necesidad de producción en masa a bajo costo.

Al final, nos damos cuenta de que en las 9 R (Remanufacturar, Reparar, Restaurar, Reproponer, Reciclar, Repensar, Recuperar, Reducir y Reusar) que nos propone la Economía Circular, encontramos soluciones para disminuir la velocidad de consumo, reincorporar los recursos al sistema productivo y recomponer algunos valores humanos. Con este modelo económico, a la vez, trabajamos de forma efectiva en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y abrimos oportunidades de negocios que antes no se veían entre las montañas de basura que rápidamente cubríamos con tierra o que se iban entre las olas del mar, y que hoy nos preocupan.

 

Por último, me queda hacer la invitación. Andamos en tiempos de inicio de año, poniendo a andar nuestros propósitos para el 2020. Este es un momento perfecto para hacer conciencia de nuestro protagonismo en la Economía Circular. Llegó para quedarse y cada uno de nosotros, desde nuestro estilo de vida, podemos empezar por adoptar una de las “R”, la que más se acomode a su ser.

Seamos actores responsables en la transformación sostenible de la sociedad.